Observatorio Internacional

La encrucijada llamada Venezuela

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Por Jorge Santiago Rojas

Para comenzar a hablar de los acontecimientos ocurridos en los dos primeros meses del 2020 es necesario retrotraernos a los últimos días de diciembre. Días previos a la Navidad, la oposición al chavismo en la Asamblea Nacional comenzó a denunciar a Juan Guaido y a los miembros de su partido, Voluntad Popular (VP), de corrupción y de utilización de dinero proveniente de activos venezolanos en el exterior para su propio enriquecimiento. A esto se le sumaron los dichos de Michael Kosak, encargado de Latinoamérica en el Departamento de Estado de los EE.UU, quien manifestó que su país apoyó “el llamado a elecciones democráticas en Venezuela, y no a Juan Guaido como persona, sino como presidente electo de la Asamblea Nacional, y por lo tanto, por la Constitución como presidente interino”. Esta situación generó un panorama sombrío para Juan Guaido, quien estaba obligado a conseguir los apoyos suficientes para ser elegido nuevamente presidente de la AN para el período 2020-21.

El día 5 de enero la oposición, contando con el apoyo de varios diputados del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), sesionó en la Asamblea Nacional dando inicio al año parlamentario y procedió a la elección de Luis Parra como nuevo presidente, quien es diputado del Partido Primero Justicia (PJ), partido opositor a Maduro. Lo cierto es que Juan Guaido viendo que se le escapaba de las manos la presidencia de la AN decidió sabotear dicha sesión, dando lugar a las imágenes que recorrieron el mundo: Guaido irrumpiendo en el Congreso junto a miembros de su partido y diputados afines, quienes se encontraban inhabilitados por disposición judicial. Dicha situación inusitada llevó a que los medios de comunicación instalaran la idea de una maniobra ingeniada por el chavismo para desestimar y excluir la figura Guaido y sus aliados. Sin embargo, lejos de la impresión aportada por los medios, el funcionario y sus partidarios tenían permitido el acceso al Congreso dado su carácter de funcionarios legítimamente electos. No obstante, estos se negaron a ingresar sin la presencia de los diputados judicialmente inhabilitados al grito de “¡o pasamos todos o no pasamos!”. Esta situación llevó a enfrentamientos en la puerta de la AN donde la policía y los militares hicieron respetar la disposición judicial correspondiente. Así se daría inicio al “Show Guaido”. Estas escenas justificaron todo el show mediático que llevó a que varios países, como Estados Unidos, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay, Bolivia, España, Portugal, e incluso la OEA, comenzaran a imputarle a Maduro un intento de Golpe Parlamentario que inhabilitaría el correcto funcionamiento del único poder reconocido por estos países.

A pesar de la ausencia voluntaria de Guaido, la sesión se llevó a cabo con los diputados presentes y Luis Parra fue electo presidente de la AN por el período de un año. Con el pasar de los días comenzaron a circular noticias donde se lo imputaba de supuestos delitos de corrupción.

Este panorama llevó a que Washington vire su posicionamiento y se declare terminantemente a favor de la línea opositora de Juan Guiado, quien reiteró su Presidencia de la AN llevando a cabo su juramento en la sede del diario opositor “El Nacional”. Por otro lado, este accionar de Guaido contribuyó a fragmentar aún más a la oposición al deshacer unilateralmente el acuerdo establecido un año atrás, en el cual se acordaba entre los distintos partidos políticos que la presidencia de la AN sería rotativa entre todos los partidos opositores según su nivel de representatividad.

Pasados unos días, durante el desarrollo ordinario de la AN presidida por Parra, Juan Guaido y sus diputados aliados ingresaron a la fuerza al congreso para jurar nuevamente, sesionar y desconocer la sesión que se había llevado a cabo horas antes. Estos hechos jamás podrían haber ocurrido sin apoyo internacional ya que su figura perdió representatividad al interior del congreso y de la oposición. El desenlace de esta situación fue la coexistencia de dos Congresos opositores en Venezuela, poniendo de manifiesto el creciente debilitamiento de la oposición. Las tensiones llegarían a tal punto que Luis Parra solicitó la creación de una Comisión encargada de la investigación de las transferencias de dinero de EE.UU a Guaido, lo que naturalmente ampliaría las discrepancias entre las facciones opositoras.

Posteriormente, violando las restricciones impuestas por el Supremo Tribunal de Justicia que impedían su salida del país, Guaido inició el 19 de enero una gira internacional con el objetivo de juntar apoyos en su lucha por derrocar a Maduro. Estuvo presente en el Foro Económico de Davos y también viajó a Colombia, Francia, Inglaterra, Canadá e incluso a los Estados Unidos, donde presenció el discurso de inauguración del año parlamentario donde Trump declaró que Guaido es “el presidente legítimo de Venezuela” y que Maduro “será aplastado”. En esta gira también viajó a España, donde recibió la llave de la ciudad de Madrid y pidió “tomar más acción en Venezuela”, hecho que generó una crisis política al interior de España, pues Pedro Sánchez se refirió a Guaido como “el jefe de la oposición venezolana” y no como presidente legítimo tal como se lo había reconocido un año atrás.

En los primeros días de febrero Guaido regresó a Venezuela y se encontró con un panorama distinto,  en esta ocasión fue recibido con insultos y empujones por parte de diferentes grupos  que lo esperaban en el aeropuerto y alrededores. Pese a las restricciones judiciales no fue detenido debido a la intimidación de Trump, quien amenazó con “consecuencias significativas” si Guaido era detenido o sufría daños en su regreso.

En paralelo a esta gira, Mike Pompeo, secretario de Estado estadounidense, viajó a Asia central, específicamente a Bielorrusia, Kazajistán, Ucrania y Uzbekistán, histórica zona de influencia rusa. Viaje que motivó que el Canciller de Rusia, Serguéi Lavrov, concretará una visita a la región Latinoamericana, que tuvó como destinos a Cuba, Nicaragua y Venezuela. Esto significó simbólicamente una contestación a la presencia norteamericana en Asia Central, que es considerada para Moscú como desestabilizadora y una potencial amenaza. En Caracas, el canciller ruso fue recibido por la vicepresidenta Delcy Rodríguez y allí condenó y declaró ilegales las sanciones impuestas por los Estados Unidos llamando a profundizar la cooperación en distintas áreas.

Luego de reiteradas amenazas y presiones, en Venezuela la hipótesis de conflicto con Estados Unidos está latente, lo que llevó a que a mediados de mes, en los días 15 y 16 de febrero, se concretaran ejercicios militares denominados “Escudo Bolivariano 2020”. Estos ejercicios contaron con la participación de 2.300.000 movilizados, entre los que se cuentan a hombres y mujeres de los 5 componentes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) integrada por la Guardia Nacional Bolivariana, el Ejército Bolivariano, la Aviación Militar Bolivariana, la Armada Bolivariana, y por último, siendo la novedad de dichos ejercicios, la presencia de las Milicias Bolivarianas. Estas últimas están compuestas por civiles afines al gobierno que en el último tiempo han recibido instrucción y formación militar, por lo que no se trata de civiles armados sino de tropas regulares, según los dichos de Vladimir Padrino López, ministro de Defensa.

Estos ejercicios buscaron mostrar la unidad cívico-militar para la defensa del gobierno de Maduro y de la soberanía e integridad territorial de Venezuela. Según las declaraciones del Presidente, el objetivo de dicha maniobra fue defender la paz, la independencia y la soberanía nacional. De esta manera, se desplegaron miles de soldados a lo largo y ancho del país. Estos simulacros y ejercicios militares no son nuevos, pero la novedad estuvo en su extensión y transmisión por los medios de comunicación, mediante los cuales se pudieron ver los sistemas de defensa antiaéreos, los misiles de los buques de guerra y los ejercicios de defensa de Caracas frente a un hipotético ataque aéreo y terrestre, dejando entrever el poderío militar con el que cuenta el chavismo.

Esta demostración de fuerza expuso la fortaleza de un gobierno que cuenta con un apoyo estable y con un poderío militar capaz de garantizar su defensa frente a una agresión externa. Mientras el oficialismo sigue fortaleciéndose y planificando a futuro, en contraste, la oposición aparece cada vez más desarticulada y su iniciativa paralizada, con acusaciones de corrupción cruzadas. Esto explica las razones por las que Guaido inició la gira internacional en búsqueda de apoyos internacionales, ya que al interior de su país su imagen sufrió un agudo desgaste. Lo único que le queda es el beneplácito y los dólares norteamericanos, elementos que por el momento no alcanzan para hacer frente a un chavismo cada vez más organizado y dispuesto a hacer uso de su poderío militar con tal de evitar una injerencia externa violenta.

Si bien hoy en día Estados Unidos es la potencia militar más grande del mundo, lo cierto es que una hipotética invasión al país caribeño con el objetivo de derrocar a Maduro no sería algo fácil, ni rápido, ni seguro. Podría desencadenar una guerra convencional que se extendería por mucho tiempo y que generaría muchas bajas de los dos lados, pero que por sobre todas las cosas, consolidaría la posición del chavismo en su objetivo de proteger la soberanía del país frente al enemigo externo que busca quedarse con sus recursos. Este escenario no es propicio ni para los EE.UU, actualmente enfocado en reducir su déficit fiscal y atraer los dólares del mundo a su economía; ni para Venezuela, un país que actualmente atraviesa una crisis humanitaria sin precedentes como consecuencia de las sanciones económicas. Toda América Latina también se vería afectada, ya que surgiría un nuevo foco de violencia en una región que siempre se caracterizó por ser una zona de paz. Un hipotético enfrentamiento traería aparejado consecuencias colaterales tanto para sus vecinos, actualmente hostiles, como Brasil y Colombia, pero también para la zona del caribe, donde el comercio internacional disminuiría notablemente. Si bien hablamos de un supuesto hipotético, este no es para nada descabellado teniendo en cuenta que en Política Internacional nada es imposible. Sin embargo, existe una realidad que es que los Estados no se suicidan y siempre tienden a priorizar el análisis costo-beneficio. Actualmente los costos de una intervención militar norteamericana son más grandes que los beneficios, y es este análisis el que pondera la administración Trump a la hora de tratar con Venezuela. A pesar de ser un país del mal llamado “patio trasero norteamericano”, Venezuela demuestra una vez más que no está dispuesta a ceder sino que va seguir resistiendo, aún incluso por medio de la fuerza. Esta historia no se termina acá y sólo nos queda ver cómo se desenvolverán los acontecimientos en los días, semanas y meses próximos.