Observatorio Internacional

La Isla que se fue de la UE, nuestras Islas del Atlántico Sur y la pesca: implicancias del Brexit

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Por Matias Koller Deuschle

Nochebuena, o Christmas Eve, arrancó con una “buena” noticia para los británicos: tras un largo periodo de incertidumbre, iniciado con el referendum conocido popularmente como Britain Exit (Brexit) en 2016, y tras largas negociaciones desde entonces entre Londres y Bruselas, se logró alcanzar el Deal (acuerdo) donde se estipula como será esa retirada de la Unión Aduanera europea. Resta que los respectivos parlamentos, el Británico y el Europeo, lo aprueben pero la Isla es libre de navegar los mares.

Ya no existirán más esos escollos que venían desde el continente europeo y que no permiten al país de los mares navegar tranquilamente por el globo. En esa dirección apunta precisamente el tweet del Ministro de Asuntos Exteriores británico, Dominic Raab, quien señaló que la Isla volverá a ser “global”, ya que se sacaron de encima esas ataduras legales en sus fronteras, su política monetaria, en comercio y… pesca.

Precisamente, la gran novedad del acuerdo ha sido la fishing inglesa. Debemos detenernos aquí por dos razones: en primer lugar, para ver qué representa este aspecto para la Isla al otro lado del Canal de la Mancha, que como su condición insular lo indica, la pesca tiene un rol relevante. Por otro lado, debemos reflexionar sobre las implicancias del Brexit sobre los recursos ictícolas de las Islas Malvinas.

La Isla de la Gran Bretaña

Las principales cláusulas acordadas en el acuerdo plantean que:

  1. Los botes de la Unión Europea podrán seguir pescando por 5 años más (2021 – 2026) en aguas británicas.
  2. Durante ese plazo, los botes comunitarios deberán ceder el 25 % de las cuotas de sus pescas en aguas inglesas. A cambio, los ingleses seguirán entrando en el mercado europeo a arancel cero.
  3. A partir del 2027, se negociará anualmente como será la repartición de la pesca proveniente de aguas británicas.
  4. Además, desde el 2027, el Reino Unido puede excluir de la pesca a los miembros de la UE, si así lo desea. No obstante, si eso sucede, la UE puede responder con aranceles al importar los recursos ictícolas de Inglaterra.

En verdad, estos puntos resultan un tanto contradictorios en materia económica, o cuanto menos, poco prácticos ante los ojos del liberalismo económico, ya que:

  1. Reino Unido restringe en cierta medida los buques de bandera europea en sus aguas.
  2. Pero el principal mercado es precisamente la UE, quien en unos años podrá imponer elevados aranceles, si así lo desea.

En el siguiente mapa se observa la Zona Económica Exclusiva británica (en celeste), que es el área en cuestión.

Nuestras Islas del Atlántico Sur

Por otro lado, el Acuerdo sostiene que el mismo no se aplica a los territorios de ultramar con relaciones especiales con el Reino Unido. Entre aquellos que se mencionan, se encuentran ni más ni menos, que las Islas Malvinas, las Islas Sandwich del Sur y las Islas Georgias del Sur.

Es decir, que Bruselas excluye a todos estos territorios de los beneficios en las cláusulas del acuerdo, a los que otrora trataba de la misma manera que a cualquier territorio de la Unión.

Vamos con un ejemplo concreto: tras su entrada en vigor en 2021, el calamar que los piratas ingleses pesquen en aguas de las Malvinas, tendrán que pagar aranceles, el cual en promedio, irá entre el 6% y el 18% de su valor.

Visto desde otra perspectiva: la pesca llevada adelante por pesqueras argentinas ingresaran en las mismas condiciones que aquellas pesqueras británicas, como se observa en el siguiente gráfico. 

Esto tendrá un gran impacto para la economía de los usurpadores, o kelpers, ya que al resultar menos tentadores sus precios en el mayor mercado, el europeo, sus exportaciones caerían considerablemente. Y representan ni más ni menos que un 50% de su actividad económica.

Punto a favor de Argentina, tanto en términos económicos como diplomáticos. Es cuestión de que Buenos Aires sepa aprovechar esta ventana que abrió Bruselas en detrimento de Londres y mirar en términos geopolíticos a nuestro territorio marítimo, valorando uno de sus recursos más preciados: el ictícola.