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Malvinas: cronología de un reclamo soberano

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Paula Luciana Rojas

Las islas Malvinas están situadas en el Mar Argentino aproximadamente a 600 km de la costa patagónica, poseen una superficie de 11.718 km² y se compone de dos islas principales, Soledad y Gran Malvina, y de aproximadamente 200 islotes más pequeños.


Su historia se remonta al período colonial, este territorio formó parte de la jurisdicción española cuyo reconocimiento internacional quedó plasmado en las Bulas Pontificias y en el Tratado de Tordesillas de 1494. Su descubrimiento se concretó en 1520, y desde ese momento comenzó a estar registrada en la cartografía.
En el marco de los conflictos por la independencia, los primeros gobiernos patrios de las Provincias Unidas llevaron a cabo diversos actos administrativos en las Malvinas, a las que consideraron parte integrante de su territorio, heredado de España por sucesión de Estados.

En la década de 1820 las autoridades argentinas con asiento en Buenos Aires realizaron diversos actos demostrativos de su soberanía sancionando una legislación sobre los recursos pesqueros y tomando posesión de las islas con el nombramiento de Luis Vernet como Gobernador.

A fines de 1831 un buque de guerra de los Estados Unidos arrasó Puerto Soledad en represalia por la captura de buques loberos americanos que habían infringido la legislación pesquera. De inmediato, el gobierno argentino inició las gestiones para obtener una reparación de los Estados Unidos y a la vez envió una embarcación para restablecer el orden en las islas, quebrado por la irrupción estadounidense.
Una vez restaurado el orden en Puerto Soledad, el 3 de enero de 1833 se presentó una corbeta de la Marina británica que, apoyada por otro buque de guerra, amenazó con el uso de fuerza y exigió la rendición y entrega de las islas.


Así iniciaría el reclamo soberano argentino por Malvinas…


El acto de fuerza de 1833, llevado a cabo en tiempo de paz, sin que mediara comunicación ni declaración previa, fue inmediatamente rechazado. Al llegar las noticias a Buenos Aires, se iniciaron las debidas reclamaciones, reiteradas en múltiples ocasiones, que fueron desatendidas por el Reino Unido.

Durante la primera mitad del siglo XX, cada vez que se tenía conocimiento de los actos unilaterales llevados a cabo por los británicos, los sucesivos gobiernos argentinos protestaron ante el Reino Unido y realizaron presentaciones y reservas ante los organismos multilaterales correspondientes. Fue en este período, además, cuando tuvo lugar la ampliación de la controversia a otros territorios insulares del Atlántico Sur y antárticos. En 1908, Gran Bretaña anexó las Islas Georgias del Sur, Orcadas del Sur, Shetland del Sur y Sandwich del Sur, así como el territorio antártico denominado por los británicos Tierra de Graham.

A lo largo del siglo XIX y XX Argentina realizó múltiples reclamos bilaterales tratando de evitar la prescripción del problema. Sin embargo, durante este período no fue un tema de suma prioridad en la agenda externa dada la estrecha vinculación económica-comercial de nuestro país con Inglaterra. Con posterioridad, cuando este vínculo perdió relevancia, la reivindicación de soberanía sobre Malvinas se fue consolidando en nuestra agenda externa.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial con la creación de Naciones Unidas, Argentina intentaría utilizar los instrumentos que se le ofrecían para resguardar su interés, de esta manera durante el Gobierno de Ilia, en la década del 60, se dio un gran paso en el reclamo de soberanía impulsando la presentación del problema en el marco del Comité de Descolonización de N.U.

Esta iniciativa política tuvo como resultado la aprobación de la Resolución 2065 donde se reconoció la disputa con Gran Bretaña como una situación colonial y se invitó a las partes a establecer negociaciones con el objetivo de encontrar una solución pacífica al problema de soberanía.
Se trató de un éxito diplomático ya que de esta manera la disputa se internacionalizaba. En adelante, esta resolución se convertiría en el cimiento de una nueva estrategia para la recuperación de Malvinas por medios pacíficos.


Con idas y vueltas, las negociaciones continuaron. Incluso, tras el fin de la proscripción del peronismo en la década del 70, Argentina avanzó sobre la idea de un condominio argentino-británico en Malvinas con el fin de realizar una explotación conjunta de los recursos naturales, se trataba de un paso previo al reconocimiento británico de la soberanía argentina. Sin embargo, este plan se frustró con la muerte de Perón y la llegada de los militares al gobierno.

El 24 de marzo de 1976 las fuerzas armadas concretaban el Golpe de Estado más sangriento y violento que nuestro país padeció. Con el paso de los años, el gobierno se fue debilitando y las conducciones cambiando. El 22 de diciembre de 1981 Galtieri quedaba a cargo de la dirección del gobierno, quien sería el principal instigador de la Guerra.

Malvinas se convirtió en la aventura de un gobierno en decadencia que buscaba renovar el apoyo a la dictadura, así fue como la mañana del 28 de marzo de 1982, tropas del Ejército Argentino y de la Armada embarcaron rumbo a las islas. El desembarco se concretó el 2 de abril, dando inició a una guerra que marcaría uno de los capítulos más tristes de nuestra historia.

Las autoridades argentinas nunca previeron que este desembarco concluiría en la guerra, lejos de eso, no creían que Gran Bretaña dispondría del envío de tropas a más de 14,000 kilómetros de distancia, lo que resultó ser un gran error de cálculo. Por esa época Margaret Tacher atravesaba por una crisis de legitimidad que la llevó a movilizar un gran contingente de tropas ya que, producto de la situación en que se encontraba, perder las Islas Malvinas era sinónimo de desprestigio internacional. Las órdenes de la mandataria fueron claras: no se abrirían las negociaciones ni el diálogo con Argentina hasta que no se concretara la desocupación.
La guerra fue cruel, improvisada y suicida y se extendió hasta el 14 de junio de 1982, fecha en la que Argentina presentó su rendición, dejando un saldo de 907 muertos, entre ellos, 649 soldados argentinos, 255 británicos y 3 civiles isleños.

Mención aparte se merece la juventud que tuvo un rol protagónico en la guerra, se estima que el 70% de la soldados partícipes eran conscriptos de entre 18 y 20 años de edad, algunos habían culminado el Servicio Militar mientras que otros estaban en ese proceso y desconocían aspectos elementales.
Además de marcar a fuego nuestra historia reciente, la Dictadura Militar marcó un hito en nuestro derrotero reivindicativo, dando lugar a un retroceso que obligó a la Argentina a partir de cero en su reclamo por la soberanía de las Islas.


Tras la vuelta de la democracia en 1883, los distintos gobiernos apelaron tanto a mecanismos bilaterales como multilaterales. Sin embargo, la iniciativa argentina se enfrentó con la decisión británica, tras la guerra, de no tratar el tema de la soberanía de las Islas producto del resultado de las hostilidades. Sumado a esto, las reiteradas crisis económicas y políticas internas obligaron a las distintas administraciones al repliegue en cierta medida del reclamo.

Entrado el siglo XXI, si analizamos las iniciativas de los distintos gobiernos es posible marcar dos líneas: las administraciones que reivindicaron el reclamo en clave latinoamericana y los que optaron por priorizar los vínculos de Gran Bretaña relegando el reclamo a un segundo plano. El Gobierno de Mauricio Macri se inscribió en la última línea, durante su administración no sólo se desjeraquizó la Secretaria de Malvinas que pasó a ser Subsecretaria, sino que se concretaron acuerdos que dejaron a un lado la disputa por la soberanía. Si bien en lo discursivo se mantuvo el reclamo, en la práctica se verificó todo lo contrario, una muestra de eso fue el acuerdo Duncan-Moradori llevado a cabo el 13 de septiembre de 2016 donde se expuso el lineamiento político de dicha administración en lo referente a las Islas. A partir de este comunicado Argentina y Gran Bretaña acordaron “(…) adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos (…)”. En resumidas cuentas, Argentina tomo el compromiso de desmantelar todas las medidas jurídicas, legales y administrativa que previamente había sancionado nuestro país para proteger sus recursos naturales, particularmente, la ley de Pesca y Ley de Hidrocarburos junto a su  norma modificatoria de 2013, que además de prohibir la exploración y extracción de hidrocarburos, salvo autorización expresa, imponía sanciones penales a aquellas empresas que intervinieran en la explotación de hidrocarburos en las Islas Malvinas. En los hechos, esta política implicó la coordinación de políticas con Gran Bretaña a partir de la exclusión del tema de disputa.

Tras el avance concretado en la primera década del siglo XXI, donde se planteó la problemática Malvinas desde una perspectiva regional, estas medidas concretadas por la coalición Cambiemos marcaron un nuevo retroceso en nuestro derrotero por Malvinas.

La llegada de Alberto Fernández a la Presidencia abre un nuevo capítulo en este largo camino por recuperar lo propio. El discurso emitido al Congreso durante la apertura de sesiones legislativas se revela como prometedor, anunciando tres proyectos de ley dirigidos a afianzar la soberanía territorial del país. En esa ocasión, el presidente se refirió a la creación de un Consejo Nacional de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y Espacios Marítimos Correspondientes; a la sanción de una norma para «la demarcación del límite exterior de la plataforma continental argentina” y, por último, a la modificación del Régimen Federal Pesquero. Restan 4 años para ver la evolución de este reclamo, lo cierto es que esto significa una clara señal de que Malvinas ha vuelto a ser una Política de Estado, eje central de la política exterior argentina.

Sin lugar a dudas, la mejor forma de mantener vigente este reclamo de soberanía es continuar construyéndolo como política de Estado y como un principio direccionado de manera regional. Los argentinos y argentinas seguiremos reclamando siempre por la vía pacífica y diplomática, convencidos de que nuestra Nación no estará completa hasta que recuperemos el ejercicio de la soberanía sobre las Malvinas, Georgias, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.