Observatorio Internacional

¿Qué esperar de la nueva administración estadounidense?

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Por Juan Cruz Mazzetti

Habiendo recientemente aceptado la derrota en las urnas, el presidente Donald Trump habilitó la transición hacia la nueva presidencia del demócrata Joe Biden. Si bien la mirada de la gestión norteamericana hacia los problemas de la región no suele cambiar en su esencia, debido a que el objetivo principal no es el altruismo sino la defensa de su interés nacional, hay una serie de matices entre el actual presidente electo y Trump que se plasman en una serie de declaraciones y actos que analizaremos a continuación.

Multilateralismo: Trump aplicó una política aislacionista bajo el lema de “America First” y se mostró contrario a la globalización, sobre todo en nombre de la defensa de los puestos de trabajo de las clases olvidadas, las cuales se veían perjudicadas por el traslado de factorías que utilizaban mano de obra barata en México. Otro golpe duro contra el multilateralismo, y contra la supervivencia global en general, fue la desvinculación del Acuerdo de Paris por el cambio climático. Con la crisis del Covid 19 esta tendencia se profundizó, llevando al presidente a cortar con los aportes hacia la OMS.

En el caso de Biden existe la promesa de anular el retiro de la OMS y nombró a John Kerry, firmante del acuerdo de París por EEUU en 2015, como representante especial para el clima, quien considera al cambio climático como una “amenaza a la seguridad nacional”. La decisión de nombrar a Antony Blinken como Secretario de Estado, quien había sido número dos de dicha cartera con el ex presidente demócrata Barack Obama, es también un guiño hacia el multilateralismo.

Economía: Joe Biden, nombrará a Janet Yellen como secretaria del Tesoro, quien durante el gobierno de Barack Obama fue directora de la Reserva Federal y se caracterizó por tener inclinación hacia políticas blandas, como mantener bajas las tasas de interés para sostener el empleo. En el Departamento del Tesoro, va a tener que hacer frente a unas negociaciones bloqueadas desde hace meses para sacar adelante un nuevo paquete de estímulo para la economía.

Cuba: Trump dio marcha atrás con el descongelamiento aplicado por Barak Obama y está por verse si Biden va a decidir levantar las asfixiantes restricciones sobre la isla haciendo memoria de la política aplicada por el demócrata.

Brasil: los reclamos de Biden por los incendios en el Amazonas llevó a rispideces mediáticas donde el presidente Brasileño Jair Bolsonaro afirmó: Brasil tiene «pólvora». La embajada norteamericana en Brasil respondió con un video institucional de marines desfilando en lugares emblemáticos del país sudamericano. La escalada no parece elevarse más que a discusiones verbales, y si bien, el apoyo brindado a Trump por parte de Bolsonaro podría traerle alguna repercusión política o restricción en algún margen de acción, no hay que olvidar que Brasil es una potencia regional que Estados Unidos va a querer de su lado.

Ahora bien, a pesar de los breves puntos tocados en esta nota, se puede recordar que Biden acompañó con su voto en el Senado las invasiones a Irak y Afganistán y como vicepresidente avaló las operaciones militares en Libia y Siria. En lo tocante a nuestros países, también en su calidad de vice de Obama, Biden respaldó el golpe en contra de Juan Manuel Zelaya (Honduras, 2009), el intento de golpe en contra de Rafael Correa en el 2010, el golpe parlamentario contra Fernando Lugo (Paraguay, 2012) y el fraudulento proceso del “impeachment” en contra de Dilma Rousseff, entre 2015 y 2016 en Brasil.

Previo a ser electo, Biden publicó una serie de propuestas políticas en la revista Foreign Affairs, donde se puede ver la esencia del “excepcionalismo norteamericano”. En su programa comercial vemos una continuidad basada en los intereses nacionales en miras de contener a China que, junto a Rusia, aparecen claramente como los enemigos de Estados Unidos, en línea con las tesis dominantes, sobre todo desde los tiempos de Obama. Califica al gobierno de Vladimir Putin como un “sistema de cleptocracia autoritaria” mientras que dice que Xi Jiping “era un matón”, aparte de acusar a China de robar descaradamente derechos de propiedad intelectual y los bienes de las grandes empresas y los ahorristas estadounidenses.

En relación a la democracia promete convocar, en el primer año de su mandato, a una gran conferencia con los “líderes amigos” para construir una coalición internacional que impulse la democracia y los derechos humanos, combata a la corrupción y trabaje coordinadamente sobre la base de una agenda común.

En síntesis, si Biden cumple con lo que promete, podemos ver cambios respecto a los temas ambientales y económicos, además de un estilo personal sobrio, alejado del histrionismo de Trump. Aun así no debemos caer en una mirada ingenua que olvide que los intereses geopolíticos de las grandes potencias definen gran parte de la política exterior y, en un contexto de disputa de poder por parte de China, poco va a cambiar respecto al intento estadounidense de conservar su hegemonía.