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Siria: una guerra que no ha finalizado

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Por Juan Manuel Cabrera y Juan Carisimo Struck

Parece ser que hoy Siria ya no ocupa las primeras planas en los medios de comunicación como lo fue hasta hace muy poco tiempo. Sin embargo, ¿se puede dar por finalizado el conflicto?

La respuesta es negativa. Siria hoy sigue sufriendo los frutos de su guerra civil ya que todavía no hay ningún grupo que controle la totalidad del territorio sirio. Los diferentes actores siguen en lucha.

La crisis de refugiados en el país sigue siendo la mayor del mundo, con 5,6 millones de sirios refugiados en la región. La gran mayoría de ellos ha sido acogidos por países vecinos, como Turquía (3.576.659), Líbano (914.648), Jordania (654.692), Irak (245.810) y Egipto (129.210). También han dejado más de 6 millones desplazados dentro del país, donde el 80% vive en situación de pobreza y más de 13 millones de personas necesitan ayuda humanitaria urgente para reconstruir sus vidas. La tasa de pobreza supera el 60% en muchas zonas de la región.

El 15 de marzo de 2011, en la sureña ciudad de Deraa, unos adolescentes dibujan grafitis que dicen «El pueblo quiere tumbar el régimen» y, por ello/por causa de ello, son castigados, detenidos y torturados por la policía. Esto produjo la rabia de sus familias y la ciudad, lo que desencadenó la primera manifestación contra el gobierno. Estas protestas se van a extender a distintas ciudades sirias, para reclamar el fin del estado de emergencia y la liberación de opositores al régimen. Ante este primer desafío, la reacción va a ser una dura represión comandada por el Ejército y, por su parte, los grupos opositores van tomar las armas ante la falta de libertades políticas.

¿Quiénes son los protagonistas de este conflicto?

En primer lugar, el gobierno de la República Árabe Siria (nombre oficial del país) tiene como presidente a Bashar Al-Asad, quien gobierna desde el año 2000 luego del fallecimiento de su padre Hafez Al-Asad, presidente desde 1971 hasta su muerte en junio del 2000. Cabe destacar que el actual mandatario cuenta con el apoyo de las Fuerzas Armadas —donde la mayoría de los oficiales pertenecen a la rama alauita del islam, corriente que profesa la familia presidencial— y de las élites político-económicas —donde se encuentran parientes y personas cercanas al presidente—.

Por otro lado, la oposición al gobierno de Al-Asad, el Consejo Nacional Sirio (CNS),  se forma en Turquía por exiliados y  está compuesto por grupos dispares tanto en su origen ideológico como organizativo, pero con reclamos similares. Entre ellos, encontramos partidos políticos de larga data, intelectuales prestigiosos, grupos militarizados, militares disidentes que, luego de huir de las fuerzas regulares, crearon el Ejército Libre Sirio, el brazo armado del CNS.

Este contexto de violencia generalizada fue un elemento esencial que los grupos fundamentalistas islámicos aprovecharon para expandirse a largo del país. Para esto hay que hablar de las dos organizaciones que más impacto tuvieron: el Frente Al-Nusra y el Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés, Daesh su acrónimo árabe). Al principio de la guerra los dos grupos extremistas lucharon juntos, ambos eran ramificaciones de Al-Qaeda, pero esto se modificó cuando el líder del Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, anunció que ambas organizaciones quedarían bajo su mando. De esta forma cambió rotundamente la estrategia típica de Al-Qaeda: buscaría ganar un territorio, que pasaría a administrar y a reclamar su soberanía, a la vez que haría un llamado a combatientes de todo el mundo para que fueran a luchar a Siria e Irak. El ISIS no solo se limitaría a controlar partes del territorio sirio, sino también del iraquí. Este grupo llegó a tomar porciones del territorio donde impuso su visión extremista del islam como ley para la población civil. Al ser una región rica en petróleo, el ISIS se financió mediante la venta de combustible al mercado negro.

Por último no hay que olvidar el reclamo histórico de los kurdos (grupo étnico diseminado entre Turquía, Siria, Iraq e Irán) por un Estado autónomo. Su búsqueda de la concesión de un territorio dentro de Siria no fue motivo de acciones en contrario por parte del gobierno sirio, ya que el último evitó la confrontación en la medida que tenían a ISIS como enemigo común.

¿Quién apoya a quién y en qué se basa el apoyo?

El Gobierno Sirio ha conseguido el apoyo de Rusia e Irán, aliados que fueron fundamentales para la supervivencia de su gobierno. Moscú se decidió firmemente a tener un rol central en el teatro sirio para, de esta forma, ser considerado un actor geopolítico fundamental y que ninguna decisión del futuro de la región se tomase sin su consentimiento. No solo es una cuestión de discurso, ya que Rusia posee en Siria una base naval que le sirve de presencia en el Mediterráneo y su intervención fue imprescindible para que el régimen de Al-Asad siga en pie y recupere la mayoría de su territorio derrotando al ISIS, que previo a la intervención aérea rusa de 2015 controlaba en un 40%. En lo que respecta a Irán, cabe mencionar que es el principal aliado del gobierno ya que su objetivo es mantener a la actual clase gobernante en el poder a toda costa, a la vez que consolida su influencia regional. La ayuda se da en términos económicos y por la vía del intercambio comercial puesto que Irán es el mayor socio comercial de Siria. Sumado a esto, en términos militares al menos 3000 hombres y grupos financiados por Irán, como el grupo libanés Hezbolá, operan en territorio sirio (así Siria puede seguir albergando a militantes). No es dato menor que las clases gobernantes de Irán y Siria sean de la corriente chiita del islam aunque difieran en sus versiones (chiismo duodecimano en Irán y alauismo en Siria).

El Consejo Nacional Sirio (la oposición) cuenta con el apoyo económico de Arabia Saudita, dada las afinidades religiosas. La monarquía de Arabia Saudita es de la corriente sunnita del islam, a diferencia de su archirrival Irán y la elite siria. El rol de Estados Unidos debe entenderse según quién sea el mandatario en la Casa Blanca. Barack Obama, como sucesor de George W. Bush, procuró no inmiscuirse tanto en los asuntos de Medio Oriente como su predecesor. Obama consideraba que era necesario limpiar la imagen norteamericana en la región y, por ello, se limitó únicamente a apoyar a los grupos rebeldes sirios y a combatir al ISIS. Pero esta mirada cambió con la llegada de Donald Trump al poder en 2017, quien realizó la primera intervención militar estadounidense en Siria, al  atacar la base militar Shayrat del gobierno. Trump justificó su acción alegando que el presidente Al-Asad había utilizado armas químicas contra la población civil. Turquía es otro actor relevante aunque su participación no está fundada esencialmente por ambiciones regionales, apoyo a credos religiosos o réditos económicos. Lo que tiene toda la atención del presidente turco, Recep Tayiq Erdogan, y los círculos gobernantes turcos es la cuestión kurda. Este tema se convirtió en la línea roja que Turquía no va a dejar traspasar, ya que siempre tuvo como objetivo contener las ambiciones kurdas de constituir un Estado independiente. Producto de esta situación, las acciones turcas han ido variando. En un principio, Turquía apoyaba al CNS, pero luego de observar que este no aumentaba sus dominios territoriales, se acercó a Rusia e Irán con los cuales comparte la visión de que sea mantenida la integridad territorial siria y, específicamente con el segundo, se oponen a una potencial creación de regiones autónomas dentro de siria, para de esta manera evitar la consolidación kurda cerca de la frontera que posee con Siria. Así, Turquía intervino militarmente en la región siria de Afrín en marzo de 2018 contando con la aprobación rusa, la cual veía en esto una forma de acercarse a Turquía en detrimento de su relación con Estados Unidos (de tendencias a favor de los kurdos).

¿Cómo es la situación hoy en día?

La guerra civil siria sigue abierta. El presidente Al-Asad hoy cuenta con una frescura que años atrás no disponía, cuando más complicada estaba su posición. El gobierno ha tomado la delantera y tiene la mayor parte del territorio. Los grupos como el ISIS han sido derrotados gracias a la ayuda de la Fuerza Aérea de Rusia, la oposición no logró derribar al gobierno pero controla porciones pequeñas del terreno y los kurdos a pesar de mantenerse firmes no han logrado consolidar una autonomía formal. Distintas confesiones religiosas, juego geopolítico entre las grandes potencias mundiales e intereses irreconciliables entre los países del Medio Oriente son parte de la realidad que afecta a los sirios sin que ellos, quienes padecen los efectos de la guerra, puedan ponerle fin por sí mismos.