Observatorio Internacional

Operación Gedeon. Desembarco en Venezuela

Por Santiago Rojas

Lo imposible siempre puede suceder y más aún en política internacional. El intento de desembarco e invasión por parte de mercenarios y desertores venezolanos en el mes de mayo de 2020 fue un ejemplo de esos “imposibles-posibles”. Dado el grado de complejidad y confusión de estos hechos, tuvieron que pasar varios días para empezar a conocer y comprender en profundidad lo acontecido, sus objetivos y consecuencias. En breve pondremos a su disposición la traducción del contrato firmado entre SilverCorp USA y Juan Guaido, filtrado por el Washington Post.

Los Hechos

En la noche del 3 de mayo del 2020 y en las primeras horas de la madrugada del lunes 4 se llevó a cabo el desembarco de lanchas en las costas venezolanas, acontecimiento enmarcado en la “Operación Gedeon”. La misma consistió en la realización de dos ataques, el primero de ellos dirigido a la región del Estado de La Guaira en la localidad de Macuto y el segundo hacia la ciudad de Chuao, Estado de Aragua.

El desembarco de gente armada en las costas venezolanas resultó un rotundo fracaso ya que la operación fue prevista por el Gobierno venezolano que para contrarrestarlo orquestó un fuerte operativo de seguridad en el que participaron la Policía Nacional Bolivariana, las Fuerzas de Acciones Especiales del SEBIN (Servicio de Inteligencia), la Dirección de Contra-inteligencia Militar y las Fuerzas Armadas Bolivarianas (FANB), especialmente la rama de la Marina.

Dicha maniobra dejó un saldo de 8 muertos y 2 detenidos en la primera incursión, mientras que en la segunda se contabilizó un total de 8 personas detenidas sin bajas. El Ministerio del Interior de Venezuela dio a conocer el número de muertos omitiendo sus nombres, pero con el correr de los días se filtró que el ex capitán Roberto Colina, alias “el Pantera”, fue uno de los fallecidos. Posteriormente el operativo continuó y según la cuenta de Twitter @Carive15, usuario que incitó el desarrollo de la excursión, se llegó al arresto de un total 44  “gedeones”. Según la información divulgada, entre los reclusos aparecen  personas implicadas en el intento de Golpe de Estado del 30 de abril de 2019, entre ellos, el capital Antonio Sequea.

Adicionalmente, en estas operaciones se incautaron armas de alto calibre, ametralladoras AFG, teléfonos satelitales, 6 camionetas con soporte para ametralladoras y dos lanchas con motores. Como dato de color, esas ametralladoras incautadas habían sido robadas del Palacio Federal Legislativo en abril del 2019.

El Plan

Para conocer en profundidad el propósito de la operación, es menester atenerse a lo filtrado por la Agencia de Noticias AP (Associated Press) de EE.UU en el mes abril, a la entrevista realizada por la CNN a J.J Rendón y a las declaraciones de los detenidos.

Días previos a la operación, AP publicó un artículo periodístico en donde se aludió al jefe de la intervención y se reveló que los líderes de la oposición, respaldados por EE.UU, tenían pleno conocimiento de las fuerzas encubiertas entrenadas en Colombia. Según AP se trataba de una simple operación de 300 voluntarios fuertemente armados que debían infiltrarse en Venezuela y avanzar atacando bases militares hasta dar lugar a una rebelión popular que permitiría facilitar el arresto de Nicolás Maduro. Así mismo, en el artículo se especificaba la falta de evidencias manifiestas que exhibieran el patrocino del gobierno de los EE.UU.

Según AP el líder de dicha operación era Jordan Goudreau, ciudadano norteamericano de 43 años, de reconocido prestigio por su participación en Afganistán e Irak como médico de las fuerzas especiales del ejército. En 2018 Goudreau fundó SilverCorp USA, una empresa de seguridad privada que, según su página oficial, opera en más de 50 países y cuenta con un equipo compuesto por ex diplomáticos, estrategas, militares y jefes de corporaciones multinacionales. Como dato de color, esta empresa ya había brindado sus servicios a Guaido garantizando la seguridad del concierto “Venezuela AID” realizado en febrero de 2019 en la ciudad fronteriza de Cúcuta, Colombia.

En Colombia Goudreau conoció al ex oficial Cliver Alcalá, líder de los desertores militares venezolanos instalados en aquel país. Precisamente fue Alcalá con ayuda de Roberto Colina “El Pantera”, uno de sus hombres de confianza, quienes se encargaron de sumar adeptos para la ejecución de la futura operación. Las personas reclutadas eran entrenadas por 6 de los mejores hombres de Goudreau, cuatro de ellos de nacionalidad norteamericana. Según lo estimado por ellos, la operación debía contar con un presupuesto de 1.500.000 dólares y se proyectaba la realización de un ataque rápido. AP exhibió que tanto el gobierno de Colombia como los opositores de Maduro tenían pleno conocimiento de estos movimientos, sin embargo, este complot comenzó a desmoronarse en el mes de Marzo cuando las fuerzas de seguridad colombiana detuvieron a voluntarios de Alcalá intentando cruzar la frontera rumbo a Venezuela portando armas y equipo táctico valuado en 150.000 dólares.

En este entramado de nombres, ¿Quién es Cliver Alcalá? Su nombre trascendió por primera vez en 2011 cuando Estados Unidos lo responsabilizó por suministrar, supuestamente, misiles aire-tierra a las FARC a cambio de cocaína. Tuvieron que pasar 9 años para que Estados Unidos volviera a mencionarlo, esta vez a través de una orden de captura internacional emitida por Donald Trump que apuntaba a los altos funcionarios del gobierno de Maduro. Cuando Alcalá se percató sobre la aparición de su nombre en esa lista decidió entregarse a la DEA en Colombia, reclamó la propiedad sobre las armas incautadas declarando que esas armas “le pertenecían al pueblo de Venezuela”, incluso culpó a Guaido y a Rendón de traicionar el contrato firmado. Actualmente, Alcalá se encuentra bajo custodia federal en New York a la espera de la realización del juicio que determine su situación.

Ahora bien ¿Un contrato? ¿A qué contrato hizo alusión Alcalá? ¿De qué hablaba? Esto se esclarece a la luz de nuestra segunda fuente: la entrevista que Rendón brindó a la CNN tras la fallida operación.
En el programa En Conclusión, transmitido por la CNN el día 6 de mayo, Fernando del Rincón entrevistó a J.J Rendón, miembro del Comité de Estrategia del Gobierno de Guaido. Durante el encuentro el periodista  indagó varias cuestiones, entre ellas, la existencia del acuerdo entre Guiadó y SilverCorp enunciado por Alcalá. Ante este interrogante, Rendón respondió afirmativamente y alegó que Nicolás Maduro había expuesto sólo 7 de las 8 páginas que integraban el contrato. Inclusive el entrevistado manifestó la existencia un documento anexo de 42 páginas en el cual se explicaba el verdadero propósito del acuerdo, el cual no pudo ser perfeccionado para ser ejecutado. Asimismo afirmó su participación en la firma del acuerdo preliminar que no llegó a hacerse efectivo y confirmó la autoría de la firma presente en el documento, Rendón también reconoció su aporte personal de 50 mil dólares destinados a los gastos de contratación de SilverCorp y en consonancia recalcó “lo he hecho millones de veces, todos los ataques, no es que yo me invente ayer la lucha contra el régimen. Antes de Guaidó yo he estado 20 años “. Acto seguido, el entrevistado procedió a aclarar y remarcar que su lugar en el Gobierno de Guaido es ad honorem.

Respecto a sus declaraciones relativas al acuerdo, Rendón manifestó que consistía en la realización de una “exploración” cuyo propósito era sondear la posibilidad existente de captura y entrega a la justicia de miembros del gobierno de Maduro que actualmente tienen orden de captura internacional. En palabras de Rendón: “tenemos el encargo de analizar todos los escenarios posibles para el cese de usurpación y punto. No es una cosa pública. Se mantuvo discreción”. Sin embargo, al margen de su firma, el entrevistado afirmó que nunca se dio luz verde para llevar a cabo esta operación, la cual fue cancelada en noviembre del año pasado.

Rendón aseveró que en el acuerdo se especificaba que la operación estaba dirigida a lograr la captura y entrega de los miembros del régimen, descartando la ejecución de asesinatos. Una operación de esta índole carente de los apoyos necesarios, a su modo ver, terminó siendo una operación suicida.

Llegado el final de la entrevista, cuando el periodista le consultó por la firma de Guaido en la octava página del acuerdo, carente de argumentos, Rendón contestó expresando “ve tú a saber cómo llego esa firma ahí”.

Pasados algunos días, en ocasión de una entrevista en NTN24 manifestó que no se trató de una operación fallida, sino que se trató de una operación en la que jóvenes valientes fueron empujados a una misión suicida previamente conocida por el gobierno, el cual la utilizó a su favor para “montar un teatro, culpar a Guaido y su comisión”. De esta manera reafirmó lo dicho y defendió a los ejecutores de la operación.

A partir de estos dos elementos podemos dilucidar que el líder de la operación fue Jordan Goudreau, dueño de SilverCorp, quien se encargó de proporcionar entrenamiento militar, por otro lado, Cliver Alcalá fue un partícipe necesario encargado de proporcionar soldados y armamento. Lejos del desconocimiento, Rendón siempre estuvo al corriente de lo acordado e incluso financió los gastos de SilverCorp. Por añadidura, Juan Guaido siempre tuvo conocimiento pleno de la operación y nadie puede negar ni justificar la presencia de su firma al final del acuerdo. En definitiva, lo que queda claro es el fin último de la operación: entrar al país, generar convulsión y confusión al interior de Venezuela para apresar a Maduro y su gabinete, ponerlos a disposición de la justicia norteamericana para finalmente hacerse del poder.

Las declaraciones de Luke Denman y Adam Berry, ex oficiales de las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos, detenidos in fraganti durante el desarrollo de la operación de desembarco esclarecen aún más este hecho.

Tras su arresto, Luke Denman reveló que la única instrucción que recibió de parte de Goudreau fue la de tomar el control de un aeropuerto en Venezuela para poder trasladar a Maduro a los Estados Unidos, esperando recibir como remuneración la suma de 50 mil dólares. También aseguró que las armas y los uniformes tácticos fueron entregados por el dueño de SilverCorp, quien se presentaba como un interlocutor directo de Donald Trump.

Complementando las fuentes previas, a fin de comprender en su totalidad la complejidad de este entramado resulta interesante añadir las declaraciones de José Alberto Socorro Henandéz, ex agente de la DEA, quien reconoció que la operación se estructuró de tal manera que en paralelo al desarrollo del desembarco en la Guaira, se fomentó la realización de disturbios entre bandas delictivas en el barrio de Petaré, en Caracas, con un fin disuasivo (a este hecho hizo referencia Guaido).

También resulta esclarecedor el video que difundió el ex capitán de la Guardia Nacional, Nieto Quintero, socio de Jordan Goudreau. En este video, divulgado el mismo 3 de mayo por la cuenta de Twitter @Carive15, Quintero y Goudreau aseveraron la existencia de la Operación Gedeon y de fuerzas especiales situadas en diversos puntos de Venezuela que se mantenían en combate. Inclusive aprovecharon la plataforma para instar a las fuerzas armadas a unirse a la “gesta libertaria de la Operación”. Según sus declaraciones apelaron a este tipo de acciones tras agotar todas las medidas posibles para alcanzar la libertad de un país sometido “al genocidio sistemático y progresivo” afirmando que el principal objetivo era la captura de “la organización criminal que dirige los destinos de la nación”.

La Polémica

Frente a estos hechos, el Gobierno venezolano señaló desde el inicio que esta operación contó con el respaldo norteamericano y colombiano para la cooptación y entrenamiento de mercenarios y desertores. Los culpables fueron detenidos in fraganti en el lugar de los hechos y quedaron a disposición de la fiscalía general y de los tribunales civiles venezolanos para ser juzgados. Desde la perspectiva del Presidente Maduro, el gobierno norteamericano tercerizó esta operación para sondear el terreno: en caso de éxito se dispondría la ejecución de una escalada de intervención mayor; de lo contrario, en caso de fracasó, resultaría más fácil desmarcarse. En consecuencia, el Presidente ordenó al canciller Arreaza demandar al gobierno de los Estados Unidos ante la Corte Penal Internacional de La Haya, enviando un informe en la cual se le adjuntaban los videos y el contrato de SilverCorp. Asimismo, el mandatario le solicitó a Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de los Representantes de los EE.UU, demócrata y principal adversaria política de Trump, que investigue lo sucedido en la operación Gedeon.

Por su parte, las declaraciones de los dirigentes norteamericanos fueron categóricas. En palabras de Donald Trump “si quisiera ir a Venezuela no lo haría en secreto, lo haría y no podrían hacer nada (…) no mandaría a un grupo pequeño, enviaría un ejército, se llamaría invasión”. En consonancia con estas declaraciones, Mike Pompeo, Secretario de Estado, afirmó que Estados Unidos no estuvo involucrado en esa operación ya que de estarlo el resultado hubiera sido diametralmente opuesto. Asimismo, el funcionario manifestó preocupación por el estado de los mercenarios norteamericanos y enfatizó que sí el régimen de Maduro decidía retenerlos utilizarían “todas las herramientas disponibles para tratar de traerlos de regreso”. James Story, encargado de negocios de EE.UU para Venezuela, tuvo declaraciones similares a las de Pompeo y acentuando el poderío de su país declaró “somos el país que encontró a Osama Bin Laden”, para luego desmarcar a los gobiernos de Trump, Duque y Guaido de dicha intentona.

La oposición venezolana con el paso del tiempo fue variando su posicionamiento. En sus primeras declaraciones Juan Guaidó se desligó de la operación y afirmó que se trató de una operación de “falsos positivos” orquestada por el gobierno de Maduro, en un intento de distraer a la población en el momento que se producían enfrentamientos en el barrio de Petaré.

La entrevista de J.J. Rendón, tuvo como secuela que una parte de la oposición, específicamente el partido Primero Justicia de Capriles, planteara que los partícipes de la acción y planificación de la maniobra debían ser removidos de sus cargos. También se suscitaron declaraciones de otros partidos opositores distanciándose de dicha operación. Como consecuencia, Rendón debió presentar su renuncia al Comité de Estrategia, y si bien se llevaron a cabo múltiples intentos para despegarlo de la figura de Guaido, esta renuncia fue considerada por la mayor parte del arco político como un reconocimiento público de su vinculación en la operación.

Esta situación ha generado en estos dos meses un gran desgaste en la figura de Guaido, tanto al interior de su país como a nivel internacional. Sólo cuenta con el apoyo norteamericano, apoyo que a todas luces resulta endeble, en especial tras las últimas declaraciones que Trump brindó al sitio Web Axios, donde manifestó estar dispuesto a reunirse personalmente con Nicolás Maduro a condición de su apartamiento del poder, incluso aseveró que tiene sus repararos en torno a la figura Guaido debido a la incapacidad de este para hacerse del poder en Vanezuela a pesar de contar con su apoyo. Adicionalmente, Luis Almagro, Secretario General de la OEA, se reunió con Luis Parra, actual presidente de la Asamblea Nacional, pese a que Guaido se atribuye ese puesto. Al interior de su país su imagen se ha deteriorado notablemente y los líderes opositores dudan de él, pues lo vinculan estrechamente con el ex líder opositor actualmente en fuga Leopoldo López. Esta sensación ha crecido en los últimos días desde que se filtró el rumor de que López fue quien convocó a los mercenarios a espaldas de Guaido.

Lo sorprendente de este suceso fue el silencio de los medios de comunicación, que en esta oportunidad no se hicieron eco de esta insólita operación. Inicialmente algunos medios señalaron al Gobierno como  responsable de los desembarcos, pero las evidencias exhibidas fueron desestimando con el paso de los días tales acusaciones, frente a lo cual, estos medios, encontraron en el silencio la estrategia más adecuada. Similar fue la actitud de Luis Almagro, quien nunca ha perdido oportunidad para presionar al gobierno de Venezuela, pero en esta ocasión se amparó en el silencio, al igual que el Grupo de Contacto de la Unión Europea.

Otra actitud llamativa fue la inacción de la ONU, no sólo frente a la Pandemia sino también frente a los intentos de injerencia externa. A su vez, los hechos acaecidos en Venezuela evidenciaron la división existente en el marco del Consejo de Seguridad. Rusia ha procurado presentar un proyecto para rechazar cualquier amenaza o uso de la fuerza contra el país caribeño responsabilizando a Estados Unidos por la intentona fallida y condenando el uso de mercenarios. Sin embargo, frente a esta iniciativa, Estados Unidos ha rechazado estas acusaciones calificándolas de falsas y en consecuencia ha desestimado la celebración de esta reunión por considerarla una pérdida de tiempo. Desde la perspectiva norteamericana el verdadero problema reside en Maduro, quien intenta distraer la atención de la opinión pública frente los atropellos de derechos humanos, y señala a Rusia y Cuba como los únicos países que efectivamente intervienen en Venezuela.

Conclusiones

Tras este recuento de hechos, podemos concluir que lo sucedido en los primeros días de mayo fue un intento de ataque armado contra Venezuela por medio de una operación de desembarco que contó con elementos entrenados y financiados por la oposición. La misma resultó en un rotundo fracaso dada la rápida intervención de las fuerzas gubernamentales.

El verdadero objetivo de la misión fue atentar contra las autoridades del gobierno venezolano, es decir, atentar contra Maduro y su gabinete. Si bien en esta acción no hay una intromisión directa de los Estados Unidos, sí la hay por parte de la oposición radicalizada de Venezuela liderada por Guaido. En este sentido, fueron claras las palabras de Rendón, quien al querer aclarar la situación la oscureció, y al querer despegar a Guaidó de la operación, terminó ligándolo aún más.

Esta operación demostró una vez más la incapacidad de la oposición para alcanzar sus objetivos, exponiendo principalmente a Guaido, quien ha insistido con su promesa del “cese de la usurpación” desde su llegada a la Asamblea Nacional, amenazando en múltiples ocasiones al gobierno de Maduro. Los hechos previamente expuestos, exhiben que el apoyo norteamericano no es eterno ni incondicional, encontrándose atado a la efectividad de la acción. En consecuencia si los fracasos siguen repitiéndose Estados Unidos buscará otra alternativa y soltará la mano del líder opositor. Lo mismo sucede con los otros apoyos, en un primer momento muchos países reconocieron a Guaido, pero el paso del tiempo y las sucesivas tentativas fracasadas han llevado a que estos países se arrepientan de tal pronunciamiento. Incluso hay varias voces en esos países que denuncian esa decisión, tal es el caso de Zapatero, ex Presidente de España, quien participó en las mediaciones de 2018 para la liberación de los presos políticos y que en los últimos días ha declarado que en esos gobiernos se impone el silencio, señal de que “han bajado la cabeza” al equivocarse en apoyar al auto-proclamado.

Por último, también queda claro la fuerte capacidad de acción de las Fuerzas Armadas de Venezuela y la lealtad de estas al gobierno de Maduro. Este tentativa fue una más de las muchas que se han perpetuado  para desestabilizar Venezuela, esto demuestra que la escalada de tensión con los Estados Unidos crece mes a mes y que lo impensado o imposible en una época puede dejar de serlo de un momento a otro. Nadie hubiese imaginado que Trump descuidaría las advertencias que Maquiavelo expuso hace 500 años en relación a los mercenarios. En definitiva, la desconfianza que Maquiavelo manifestaba no resulta hoy en día, pleno siglo XXI, una asincronía. Esto se evidenció en los días posteriores de la fallida operación, cuando Goudreau y SilverCorp por medio del despacho legal VolkLaw en New York notificaron a Guaido y a los firmantes del contrato el cobro de 1,5 millones de dólares por “los servicios prestados” a pesar del rotundo fracaso. Los mercenarios ayer, hoy y siempre serán eso, gente dispuesta a matar y morir por dinero, sin ningún tipo de aversión por las causas y que cuando hacen falta están dispuestos a traicionar incluso a quien les da de comer. Esta notificación no hace más que aclarar la existencia y la validez de dicho acuerdo y se verá en los próximos meses como actuara el auto-proclamado, pues si paga estará reconociendo que participó, mientras que en caso contrario, tendrá problemas en los tribunales norteamericanos.

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