Observatorio Internacional

Putin: 20 años en el poder

Por Jorge Santiago Rojas

El pasado 8 de mayo se cumplieron 20 años de la asunción formal de Vladimir Vladimirovich Putin como Presidente de la Federación Rusa. Si bien este ya se encontraba en el poder, consecuencia de la renuncia de su predecesor Boris Yeltsin en las últimas horas del 31 de diciembre de 1999, Putin se convirtió formalmente en el nuevo presidente para el mandato 2000-2004 tras obtener el 52 % de los votos en las elecciones de marzo. De esta manera Rusia ingresaba al nuevo milenio de la mano de un nuevo líder. Un hombre joven, con aspecto duro, fuerte, serio y decidido, contrastaba con la imagen de su antecesor, que era viejo, dubitativo y que contaba con varios problemas de salud. Esto era lo que necesitaba Rusia en esos momentos para hacer frente a los múltiples retos.

La Rusia que se encontró Putin era muy distinta a la Rusia actual. Justamente los retos de esta nueva administración eran convertir a aquel país de nuevo en una gran potencia mundial, fortalecer y estabilizar la economía y devolverle el orgullo nacional a un pueblo que lo había perdido. Esto se debe a que los 90 fueron años muy difíciles. La implosión de la URSS trajo como consecuencia un deterioro en el rol de Rusia en el mundo, a la vez que generó un trauma en su población que vio como se pasaba de un sistema comunista a un sistema capitalista de la noche a la mañana, algo inédito en la historia universal. Estos cambios trajeron consigo un aumento en el desempleo y la pobreza, una caída de la actividad productiva, un proceso de privatizaciones de los recursos estratégicos y un deterioro en el nivel de los ingresos del Estado y del poder adquisitivo de la población. A esta situación se sumaron las crisis económicas en el sudeste asiático que llevaron a que Rusia declare el default  en 1997 por la imposibilidad del pago de la deuda externa, iniciando la crisis del Vodka, que sería una más del derrotero de crisis de las economías emergentes que culminaría con la crisis argentina del 2001. A estos problemas económicos de fines de esa década se le agregaban los atentados terroristas por parte de los separatistas chechenos que se habían vuelto una constante en la vida de los rusos y que habían generado grandes cantidades de muertos y heridos. Frente a este panorama es que Putin llega a ser Primer Ministro, en agosto de 1999, y luego Presidente.

De esta manera los primeros retos del nuevo gobierno se concentraban en garantizar seguridad a su población (terminar con los movimientos terroristas), mejorar el nivel de la actividad económica (y por ende el nivel de vida de la población) y recuperar el lugar de Rusia en la comunidad internacional.

En lo que se refiere a la seguridad, en esos primeros años Rusia se embarcó en una guerra contra Chechenia que terminaría recién en 2004 con el cese al fuego y por la cual se lograría el objetivo de terminar con todo tipo de ataques terroristas en territorio ruso. Esta disputa si bien generó fuertes críticas en la prensa occidental tuvo mucha popularidad entre la ciudadanía rusa. Este capítulo recién tuvo un desenlace final en 2008 cuando se lograría el cese definitivo de las hostilidades gracias a la rápida intervención armada de Rusia en Georgia y la posterior mediación de la Unión Europea.

En lo económico la coyuntura de ese momento favoreció a la reactivación económica. La economía rusa volvería a crecer de la mano de las empresas nacionales que comenzaron a sustituir las importaciones[1].También se llevaron a cabo políticas de reforma económica orientadas a facilitar y estimular la actividad privada, por ejemplo a través de la unificación tributaria o de la simplificación de los trámites para la creación de nuevas empresas. A partir del 2003 se le sumó el aumento de los precios de los recursos naturales a nivel mundial, entre ellos el gas y el petróleo, principales commodities de exportación de Rusia.[2] De este modo, el Estado comenzó a verse beneficiado por el ingreso de grandes cantidades de recursos que eran inyectados nuevamente en la economía facilitando la reconstrucción de la misma.

En cuanto a la política internacional, en los primeros años de Putin, si bien Rusia llevó a cabo una política exterior orientada a mejorar y fortalecer sus relaciones con todos los países del mundo, abogando por un nuevo orden multipolar, lo cierto es que la prioridad estuvo centrada en las relaciones con los países de la Unión Europea y Estados Unidos. Esto se debía a que el objetivo principal era obtener los apoyos diplomáticos y económicos necesarios para ingresar a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y continuar con la política de reforma económica emprendida. En esos años la cercanía y las buenas relaciones que tuvo la Rusia de Putin con los Estados Unidos de Bush, y sobre todo después del atentado a las torres gemelas, hicieron creer por un momento que la guerra fría al final había terminado[3]. Pero esta luna de miel duro poco. Esto es en gran medida gracias a las acciones de occidente que demostraban que seguían desconfiando de Rusia. Tanto el avance de la OTAN hacia el Este como los sucesos de la Revolución de los Colores[4], fueron considerados para Moscú como una amenaza a sus intereses de seguridad nacional. Era inaceptable ver bases militares enemigas en las inmediaciones de las fronteras. Es a partir de este momento que las relaciones con Occidente se van a volver tensas y esto es una de las constantes de la política exterior de Putin, que se agravaría con el paso de tiempo.

Los buenos resultados en términos económicos[5] y en términos de seguridad mejoraron considerablemente la imagen del nuevo gobierno. Por ello es que en las elecciones de 2004, Putin obtuvo el 71% de los votos y fue confirmado nuevamente como presidente. A partir de allí continua con su política de estímulo a la actividad privada, a la vez que confronta contra los oligarcas, es decir, los nuevos millonarios de los 90´que se habían enriquecido en muy poco tiempo. El resultado de esta disputa fue la detención y encarcelamiento de algunos de esos oligarcas y un aumento del control del Estado sobre los recursos naturales. Un ejemplo de esto fue la cesión de las acciones de la empresa YUKOS, la principal petrolera rusa de esa época, a manos del Estado nacional por medio de ROSNEFT. Este hecho fue clave para fortalecer el rol del Estado en la vida económica, un elemento distintivo de la economía en los años de Putin y que generaría más de una crítica por parte de la prensa y de los círculos dirigenciales de occidente. Así es como el Estado ruso volvió a hacerse del control de los recursos que son considerados estratégicos para garantizar la seguridad nacional.

En 2008, dada la imposibilidad de presentarse nuevamente como candidato a presidente, Putin decide nombrar como sucesor a su primer ministro, Dimitri Medvedev. Este consigue más del  50% de los votos y se convierte en el primer presidente de Rusia que no participó en el Partido Comunista. Muchos especularon con que luego de esto Putin iba a dejar la política, pero eso no fue así. Por el contrario fue nombrado Primer Ministro de Medvedev y se haría cargo de la economía y del sector energético, dos sectores claves.

En esos años el nuevo gobierno a nivel externo tuvo que hacer frente en 2008 a la Guerra Contra Georgia y la Crisis Financiera Internacional, que afectaría considerablemente a la economía mundial y sobre todo la rusa; la Guerra del Gas en el invierno del 2009; y los primeros años de la Primavera Árabe en 2011. También en esa época  fue que se llevó a cabo la política del Reset o Reinicio con Estados Unidos, que  en términos generales fue un fracaso, pues si bien tuvieron ciertos éxitos diplomáticos, las desconfianzas siguieron estando presentes[6].  A su vez, en 2009 se reunirían por primera vez los BRICS, conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, las economías emergentes que serían muy críticas de occidente acusándolas de ser las culpables de la crisis financiera y a su vez propondrían reformas en la arquitectura financiera internacional. Este nuevo bloque de países emergentes se volvería una prioridad para Rusia.

En términos de política doméstica en los años de Medvedev hubo un renacer del sentimiento y pensamiento conservador. En esos años aumentó la importancia de la Iglesia Ortodoxa Rusa en la vida social y política de aquel país. Además, la crisis generó un aumento en la desconfianza de los rusos con respecto a Occidente. De este modo, todas las tentativas de criticar a Estados Unidos y Europa se volvieron muy populares al interior de la ciudadanía.

En 2012, gracias a la reforma constitucional emprendida por Medvedev en 2008, Vladimir Putin se presentó nuevamente como candidato a Presidente. Esta vez, a pesar de las masivas protestas en las principales ciudades en contra de la corrupción y de su retorno al poder, Putin obtuvo el 63% de los votos. De esa manera iniciaba el tercer mandato presidencial de Putin, pero esta vez con una duración de 6 años.

En este nuevo mandato de Putin una de las prioridades fue los vínculos con China. Esto se debe a que la llegada de Putin al Kremlin en 2012 coincidió con la llegada de Xi Jinping a la Secretaria General del Partido Comunista Chino. Estos líderes a lo largo de los años demostrarían una afinidad política, pero sobre todo personal, que ha favorecido los vínculos entre ambos países. A tal punto que en 2019 las relaciones se elevaron a una Asociación Estratégica Integral. La cooperación entre ambos países se ha profundizado en varios áreas como la económica, energética, estratégico-militar, entre otras.

Un hecho bisagra que definiría la política emprendida por Rusia en los últimos años fue la Crisis de Ucrania [7] y la posterior anexión de Crimea[8]. Estos acontecimientos generaron un apoyo popular masivo al interior de su país, a la vez que Estados Unidos y la Unión Europea imponían sanciones cada vez más nocivas a la economía rusa. Esto llevo a que Rusia se encontrara en términos económicos asfixiada por las sanciones y aislada en términos políticos. Por esto es que se fue alejando de occidente y acercando al pacifico, no solo a China, sino también a los países de Asia Central y Sudeste Asiático, volviéndose prioridad. También confrontó con Estados Unidos por otros temas de la agenda internacional como fue el apoyo a Bashar Al Assad en la guerra civil Siria; la destrucción total del Estado Islámico gracias a las operaciones rusas en territorio sirio e iraquí; el sostenimiento y apoyo de Nicolás Maduro en Venezuela por medio de la cooperación en materia energética, económica e incluso estratégica militar, convirtiéndose en el principal proveedor de armamentos de ese país. También Rusia se ha acercado a Irán luego de que los Estados Unidos de Donald Trump se retiraran del acuerdo firmado en 2015. Todo este despliegue político ha demostrado que Rusia ha vuelto a ser una potencia global, y que las posiciones e intereses rusos son totalmente contrarios a los norteamericanos. Es así como las sanciones de Estados Unidos han logrado el efecto contrario. En vez de generar que el gobierno de Putin se vuelva más moderado y se aproxime a occidente con el objetivo de lograr que se levanten las sanciones, lo que ha generado en realidad es que se acerque a sus enemigos: China, Irán, Venezuela y Siria.

Conclusión

Desde la llegada al poder de Putin se han producido grandes transformaciones al interior de Rusia. Hoy en día es innegable que aquel país ha retornado a su lugar en la comunidad internacional como una gran potencia. Hoy Rusia puede garantizar la seguridad de la vida y la propiedad de sus ciudadanos, como así también de sus fronteras, consolidándose como un Estado soberano. A su vez la economía rusa mejoro significativamente en estos 20 años, a pesar de que la crisis financiera del 2008 y las sanciones post-2012 han afectado considerablemente todos los índices. Esto se debe en gran medida al fuerte liderazgo de Putin que ha sabido posicionar a Rusia a escala global. La demostración de fuerza en Georgia y Ucrania ha dejado claro que sigue siendo la potencia regional y que no va a permitir que la injerencia occidental genere inestabilidad. A su vez el apoyo dado a Al Assad y su éxito en la lucha contra el extremismo islámico la han consolidado como la potencia vencedora en medio oriente. Hoy si tienen que solucionar algún problema, esos países llaman primero a Moscú y no Washington como en otras épocas. A su vez, no solo garantiza estabilidad en Siria sino también en Venezuela, al oponerse a las constantes injerencias norteamericanas.

En estos años recientes el viraje conservador al interior del país y las políticas hostiles de occidente tuvieron como resultado un aumento del apoyo popular a Putin. Así es que 2018 en las elecciones presidenciales Putin obtuvo el 76% de los votos. Lo que demuestra que los rusos, no solo apoyan a su presidente, sino que sienten que protege sus intereses y que garantiza su seguridad. Este último mandato recién ha iniciado, pero nada nos dice de que la orientación política de Putin vaya a cambiar, sino que por el contrario, es posible que esto se profundice. Este nuevo mandato terminara el 2024, por lo que hay Putin para rato.


[1] En los años previos el rublo se había devaluado mucho encareciendo así a las importaciones. Esto llevo a una parcial destrucción del aparato productivo ruso como consecuencia de las importaciones indiscriminada de bienes de consumo. De esta manera el rublo barato, que en otra época había sido un problema, ahora se convertía en una oportunidad y permitió que las empresas nacionales rusas comiencen a producir internamente lo que antes importaban, generando un proceso de sustitución de las importaciones. A esto se debe en gran medida la primera parte de la reactivación económica.

[2] El precio del petróleo que en 2003 era del 25 dólares crecería notablemente hasta tocar su máximo histórico en 2008 al llegar a los 147 dólares

[3] Esta situación se debía a que en un momento hubo una afinidad de intereses coyunturales porque ambos países estaban luchando contra el terrorismo. Unos contra el terrorismo checheno y otros contra el terrorismo de al Qaeda.

[4] La Revolución de los Colores fue el proceso político acontecido entre 2003 y 2004 en Kirguistán, Georgia y Ucrania . Estos consistían en masivas movilizaciones que generaron un cambio de regímenes en aquellos países. De esa manera llegaron al poder sectores pro-occidentales que demandaban ingresar a la Unión Europea y a la OTAN, algo totalmente inaceptable para Rusia.

[5] La economía rusa creció durante el periodo 2000-2007 a un ritmo del 7% del PBI. A su vez gracias a este crecimiento el peso de la deuda externa comenzó a reducirse y en 2005 Rusia de manera adelantada pago el total de su deuda con el FMI. Este ejemplo seria seguido por Argentina meses después.

[6] La política del Reset es parte de los intentos del nuevo gobierno de Obama para mejorar sus relaciones con Rusia. En esos años se creó la Comisión Presidencial Bilateral con el objetivo de mejorar los contactos de alto nivel y se firmó el tratado START 2 de control y reducción del armamento nuclear. Pero las desconfianzas no tardaron en aparecer debido dos hechos: por un lado Estados Unidos había intervenido de manera explícita en Georgia otorgando apoyo diplomático, pero también proveyendo armamento; y por el otro lado propuso la creación de un escudo antimisilístico de la OTAN en Europa. Esto último aumento las suspicacias rusas que veían percibían que ese escudo era para proteger a Europa de ellos. Demostrando así que la idea de Rusia como enemiga de Occidente seguía muy presente

[7] Entre noviembre de 2011 y febrero de 2012 se sucedieron masivas movilizaciones en Ucrania demandando el ingreso de ese país a la Unión Europea. Estas movilizaciones pro-occidentales al principio eran pacíficas, pero con el correr del tiempo se volvieron cada vez más violentas, al punto que la plaza Maidan se convirtió en un campo de guerra. Esta crisis llevo a que el presidente Yanukovich renunciara en los últimos días de febrero. El congreso llamo a elecciones y en mayo fue elegido en nuevo presidente Poroshenko. Mientras esto sucedía en la capital, Kiev, en el interior del país, más precisamente en el este y sureste, surgieron movilizaciones de gente que no querían ingresar a la UE. Esto derivo en enfrentamientos armados entre el ejército ucraniano y las fuerzas rebeldes pro-rusas que hasta el día de hoy continúan y que ha generado el surgimiento de dos repúblicas separatistas: la República Popular del Donestk y la República Popular de Luganks.

[8] Mientras se sucedía la violencia en Kiev, al sur de Ucrania, en la península Crimea se llevó a cabo un referéndum por el cual el 96% de los habitantes decidieron seguir siendo rusos. De esta manera se llevó a cabo la anexión de la península de Crimea por parte de la Federación Rusa.

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