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Elecciones Legislativas en Venezuela

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Por Jorge Santiago Rojas

Tras muchas idas y venidas finalmente en Venezuela se convocaron a los comicios parlamentarios el pasado 7 de Diciembre.

Este año 2020 no fue un año más para nadie. El mundo entero atravesó una pandemia global que afectó a todos los puntos del globo a la par que generó una caída de la actividad y de los intercambios económicos. Si para cualquier país fue difícil llegar a diciembre, mucho más dificultoso resultó para Venezuela, país que además de afrontar la Pandemia debió dar respuesta a todo tipo de dificultades producto de las sanciones económicas y hasta un intento de desembarco armado en sus costas. Todos estos sucesos hacían difícil pensar en un escenario electoral a fin del 2020, pero finalmente sucedió.

A pesar de las diversas presiones políticas-diplomáticas, económicas y mediáticas que estimularon la no participación, el pasado 7 de Diciembre se abrieron los centros electorales para celebrar los nuevos comicios parlamentarios que constituirán la nueva Asamblea Nacional para el período 2021-2026.

Las dudas previas a las elecciones fueron varias: ¿El gobierno convocará a elecciones? ¿Participará la oposición? ¿Qué sector de la oposición lo hará? ¿Participará la ciudadanía? Estos interrogantes fueron respondiéndose con el correr del tiempo, excepto el último, que se conoció el mismo día de los comicios.

La oposición llegó a fin del 2020 muy fragmentada. Por un lado están los sectores opositores “dialoguistas” (como son llamados por el ala más dura) que tras participar en 2018 decidieron participar en estos comicios;  por el otro están los sectores opositores “abstencionistas”, liderados por Juan Guaidó, que se negaron a participar acusando por un lado al gobierno de organizar un fraude, y por otra parte, a los sectores opositores como colaboracionistas.

En este escenario Maduro llamó a elecciones luego de dar como garantía la liberación de más de 110 presos políticos y de invitar a diferentes países a ser observadores electorales. Ante esta situación la oposición se encontró en una encrucijada. La estrategia abstencionista generó muchas dudas y esto amplió la fragmentación de la misma al no encontrar un liderazgo o estrategia que contenga a todas las fuerzas opositoras. Esto  explica en gran parte el 67,6% de los votos obtenidos por el Polo Patriótico, recuperando así la mayoría en la Asamblea Nacional luego de 10 años. A su vez, la alianza opositora COPEI, Acción Democrática, AP, CMC y El Cambio obtuvieron el 17,95% y los partidos VU, PV, VPA el 4,19%. Para figuras de la oposición, como Henrique Capriles, la estrategia de gobierno paralelo y de no participación en las elecciones ya no son opciones a seguir, pues, según él, seguir en este escenario es lo peor que le puede pasar.

Sin embargo, la nota distintiva de esta nueva jornada electoral estuvo marcada por la gran abstención que se vivió, evidenciada en la poca participación ciudadana. Según el Consejo Nacional Electoral, solo el 31% de los venezolanos se volcaron a las urnas, algo más de 5 millones de personas. La última vez que se habían dado niveles tan bajos de participación fue en 2005 cuando solamente asistió el 25% del padrón. Esta gran abstención es producto de las fuertes presiones políticas y mediáticas, instaladas desde afuera, que planteaban que no había garantías ni seguridad para todas las fuerzas políticas. Estos números quedan más claros cuando los comparamos con las elecciones parlamentarias de 2015 -cuando la oposición obtuvo la mayoría- donde la participación fue de más de 15 millones en un padrón total de 19 millones. A simple vista podemos observar una merma de participación, pero también de votos, dado que el Chavismo en las presidenciales de 2018 obtuvo más de 6 millones de votos y en estas elecciones recientes algo más de 3 millones. Claramente sigue contando con un voto duro, pero ya no son la mayoría como supieron ser en una época. Las críticas internacionales (OEA, Grupo de Lima, Grupo de Contacto de la UE) se centraron en este punto sin atenerse a considerar que ese mismo día se llevaron a cabo elecciones en un país de la Unión Europea, como es Rumania, donde también la participación fue escasa (30%) y en este caso nadie dudó del carácter democrático de los comicios.

Esto último genera muchos interrogantes al interior del gobierno de Maduro. Si bien en la correlación de fuerzas oficialismo-oposición han ido ganando fuerzas, la sociedad en general no se siente estimulada a participar y muchos de los encantos que generaba el chavismo hoy ya no los tiene. A su vez, muchos sectores opositores ya descreen hasta de sus propios líderes y acciones dado que durante 5 años salieron a las calles constantemente y contaron con todo el apoyo internacional, sin obtener a cambio ningún resultado concreto y con la continuidad de Maduro en el gobierno. Esto afecta considerablemente a Juan Guaidó, quien ha visto mermar su popularidad producto de la escasez de victorias obtenidas.

La oposición llamó a no participar, pero lo cierto es que esa jugada política puede resultar en un “tiro en el pie”, ya que el 5 de enero se produce la renovación total de la Asamblea Nacional y con esto se cae la última justificación del poder de Juan Guaidó, dado que no será legislador ni presidente de ninguna cámara. De esta manera vemos las consecuencias que sufrió el ala más dura de la oposición. La no participación en estas elecciones les significó la pérdida del control de uno de los poderes del Estado, el Poder Legislativo, que era el único poder reconocido por los gobiernos aliados de Estados Unidos.

Estas elecciones, como comenté previamente, dejaron más dudas que certezas. Para el gobierno es una victoria en sí misma haberlas realizado. Era inimaginable este escenario hace 5 años cuando surgía en el Congreso una nueva mayoría opositora, y mucho menos luego del 2019 con la “autoproclamación” de Guaidó como Presidente. Sin embargo, a pesar de esto, la poca participación y el desconocimiento de las elecciones por parte de varios Estados termina haciendo esta “victoria” del gobierno algo efímero, ya que evidenció la falta de interés y participación de la ciudadanía en general, que ya desconfía de los procesos electorales y, en especial, de las elecciones legislativas. A la par de esto, quedó claro que la oposición ha venido perdiendo fuerzas en el último tiempo debido a la poca efectividad de sus acciones, pero también porque la sociedad en general está desencantada, no sólo del chavismo, sino de una oposición que lo único que hace es jugar a gobernar por Twitter (como dijo alguna vez  Capriles) y pedir sanciones contra su mismo país. Claramente esta abstención es un llamado de atención a la clase política venezolana en medio de una difícil situación social y económica que afecta considerablemente el nivel de vida de los venezolanos en un año donde ingresaron más dólares por remesas que por venta de petróleo. Así, lo que puede parecer una victoria termina siendo un empate con gusto a poco.

Venezuela está en una encrucijada, pero por ahora tendrá un fin de año con más oxígeno del que tenía cuando empezó. Habrá que esperar las fechas importantes de Enero de 2021. El 5 cuando asuma la nueva Asamblea Nacional habrá que ver como actualizarán su estrategia los opositores radicalizados como Guaido y si es posible el surgimiento de otros nuevos liderazgos opositores, pero esta vez dentro del sistema político e institucional. Por último y no menos importante, hay que destacar la asunción del nuevo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, el 20 de ese mes. Habrá que ver cómo actuará en sus primeros días de gobierno y qué nueva estrategia pondrá en marcha con respecto a Venezuela. Está claro que a la estrategia de Trump de sostener al “autoproclamado” Presidente le quedan las horas contadas. Fue una jugada costosa en términos diplomáticos, que no generó beneficios pero si un peligroso precedente que le tocó vivir en carne propia a Biden en las elecciones: la autopercepción de ganador de su opositor Trump. Estados Unidos jugó con fuego en Venezuela y al final se terminó quemando en su propia ley.

Con Biden no se espera que Venezuela deje de ser el centro de atención, sino todo lo contrario. Los demócratas acostumbran intervenir más fuertemente en nuestra región durante sus mandatos, y no parece que el nuevo presidente vaya a ser la excepción. Necesita ganarse los apoyos de Florida y la arremetida contra Venezuela y Cuba sirven para ese fin. Podrá variar la estrategia, pero el fin seguirá siendo el mismo: desplazar a Maduro del Gobierno de Venezuela. Veremos si la intención de intervenir militarmente sigue siendo una de las opciones que se barajan o si por el contrario actuaran de manera más “sutil”, no interviniendo sino bloqueando aún más al país caribeño. Trump si no hace nada impredecible hasta el 20 de enero, será el primer presidente norteamericano post segunda guerra mundial en no iniciar una guerra… ¿ podrá Biden continuar este récord?

Complemento:

Una vez cerrado este artículo aconteció la consulta popular convocada por la oposición abstencionista con el fin de darle un sustento político y legal a la “continuidad administrativa” de la Asamblea Nacional que vence en 2021. Desde el pasado lunes 7 hasta el domingo 13 de diciembre se realizó la consulta popular de manera presencial y por medio de las aplicaciones Telegram y Voatz. La misma consistía en 3 preguntas que debían ser respondidas con un SI o NO. 1)¿Exige usted el cese de la usurpación de la presidencia de parte de Nicolás Maduro y convoca la realización de elecciones presidenciales y parlamentarias libres, justas y verificables?; 2)¿Rechaza usted el evento del 6 de diciembre organizado por el régimen de Nicolás Maduro y solicita a la comunidad internacional su desconocimiento?; 3) ¿Ordena usted adelantar las gestiones necesarias ante la comunidad internacional para activar la cooperación, acompañamiento y asistencia que permitan rescatar nuestra democracia, atender la crisis humanitaria y proteger al pueblo de los crímenes de lesa humanidad?.

Si bien Guaido declaró que la consulta superó las expectativas, lo cierto es que la participación opositora fue similar a las de las elecciones oficialistas. En este caso, según el comité organizativo, más de 3 millones de venezolanos participaron de manera presencial, mientras que algo más de 2 millones lo hicieron de manera virtual.

Lo expuesto nos da la pauta de que la sociedad venezolana se encuentra dividida en 3 tercios: 30% que participaron de las elecciones legislativas, otro 30% que participó de la consulta y el restante 40% que no participó en ninguna de las dos instancias. Aproximadamente, de los 20 millones de venezolanos empadronados, alrededor de 11 millones participaron contra los más de 9 millones que no se acercaron en ninguna jornada.

Esto último deja en claro dos cosas. Primero que los medios aliados a Estados Unidos ven como victoria un 30% de participación cuando es de la oposición, pero no así cuando es del oficialismo. Y segundo, que a pesar de todo esto existe una gran porción de la ciudadanía que actualmente no se siente convocada en este panorama de fuerte polarización política pues no ven atractivo al chavismo pero tampoco los pedidos desesperados de intervención extranjera por parte de la oposición.